Signos y síntomas

El cerebro tiene pocas posibilidades de expandirse (crecer) al estar rodeado de una estructura ósea rígida y cerrada que es el cráneo. Por ello, cuando aparece un tumor y crece, los síntomas se presentan en general de forma rápida y brusca. Los síntomas variarán en función del área(s) afectada(s) y pueden ser variados. Un tumor cerebral puede debutar con crisis epilépticas (convulsiones) o con síntomas generales como la falta de concentración, lentitud de pensamiento, cambios de carácter o comportamiento (denominados cognitivos), o también con síntomas secundarios debidos al incremento de la presión intracraneal (dolor de cabeza, vómitos) o finalmente con síntomas más relacionados con la localización del tumor como pueden ser alteraciones en los movimientos o del lenguaje, etc.

Si el paciente ha presentado alguna crisis convulsiva (Ver más adelante: convulsiones), los antiepilépticos permitirán tratarla y también reducirán el riesgo de que aparezcan de nuevo. Pueden producir efectos secundarios y también interacciones (incompatibilidades) con otros medicamentos, por lo que no se pueden tomar sin supervisión médica. Para mejorar algunos de los diferentes síntomas que pueden aparecer es frecuente el uso de un medicamento que se llama dexametasona que reduce el edema que puede aparecer rodeando al tumor y permite la mejoría parcial o total de los síntomas. Pueden producir importantes efectos secundarios y cuando ya no son necesarios se tienen que retirar de forma programada, poco a poco, por lo que su médico le aconsejará en este sentido.

Los síntomas iniciales de un tumor cerebral dependerán principalmente de la localización del mismo (Ver Apartado de Anatomía).

En tumores de los lóbulos frontales pueden aparecer alteraciones denominadas motoras como parálisis de la cara o extremidades, trastornos del lenguaje, trastornos de la función cognitiva (cambios de humor y falta de atención), alteraciones de la conducta y de la personalidad e incontinencia (pérdida) urinaria y/o intestinal.

En tumores de los lóbulos temporales pueden aparecer trastornos visuales, o auditivos o del equilibrio o del olfato y gusto. También trastornos del lenguaje o de la memoria así como alteraciones emocionales y de la conducta.

Los lóbulos parietales no tienen una buena separación del resto de lóbulos lo que ocasiona manifestaciones clínicas más complejas. Se pueden presentar diversos síntomas como trastornos visuales o dificultad en el reconocimiento de objetos o de partes del cuerpo o del lenguaje.

En los tumores de los lóbulos occipitales destacan sobre todo los trastornos visuales incluyendo la ceguera.

Otras muchas localizaciones más concretas pueden determinar una variedad importante de síntomas que hacen necesaria la consulta con el médico para determinar su origen y pruebas necesarias a llevar a cabo.

Convulsiones
Una convulsión es un síntoma que traduce una actividad anormal en el cerebro. Puede aparecer como consecuencia de un tumor cerebral pero también existen otras causas desencadenantes que pueden originarlas y no son específicas de un tumor cerebral, pues pueden darse en otras enfermedades.

Se pueden manifestar de diferentes formas e intensidades, que pueden ir desde mínimos movimientos de muy corta duración a situaciones que conllevan pérdida de conocimiento y/o movimientos totalmente incontrolados. Dependen también de que parte del cerebro se encuentra afectada. Cuando las convulsiones se repiten las denominamos entonces epilepsia. Pueden repetirse de forma repentina incluso mucho tiempo después de haber aparecido, por lo que en general, pero no siempre, precisan un tratamiento médico prolongado y un modo de vida adaptado. Cuando esto ocurre a veces aparece alguna señal (dolor de cabeza, cambio de comportamiento u otras) que llamamos aura y que puede anunciarnos la aparición de la convulsión y por lo tanto ayudarnos a controlarla (dejar de comer si lo estás haciendo, sentarse si se está de pie, etc…).

Por todo esto es importante que nuestro entorno esté informado de ello y que permanezcamos tranquilos, pues la mayoría de las veces no se precisan cuidados mayores. Si es importante observar al paciente y llamar a los servicios de urgencia si las convulsiones son de primera aparición o existen problemas de respiración o no ceden rápidamente.

Existen básicamente dos tipos de convulsiones, las denominadas parciales y las generalizadas. Las parciales pueden empezar en una parte del cuerpo y luego extenderse a otras áreas y puede o no haber pérdida de conocimiento durante las mismas. Pueden también cursar con movimientos incontrolados. Las convulsiones generalizadas pueden ser de diferentes tipos y en general de mayor intensidad y gravedad con pérdida de conocimiento y/o descontrol de esfínteres (vesical y/o anal).

El tratamiento de las convulsiones se hace principalmente con medicamentos antiepilépticos y sirven tanto para tratarlas cuando aparecen como para prevenirlas. Existen diferentes tipos de medicaciones y es el médico el que aconsejará cómo se deben tomar,e informar sobre los efectos secundarios, los controles y modo de vida que deberá llevar el paciente. El control del tumor mediante la cirugía es también un tratamiento fundamental para las convulsiones aunque puede ser necesario tomar la medicación independientemente de que el tumor se haya quitado con la cirugía.
El tratamiento médico de las convulsiones puede precisar en ocasiones mantener unos niveles en sangre adecuados del o de los medicamentos que se están tomando para controlarlas o prevenirlas, por lo que puede ser necesario hacer controles de sangre para ello. Es importante también saber que los medicamentos antiepilépticos pueden interaccionar (potenciar o disminuir) sus efectos con otros medicamentos.

La conducción de vehículos suele estar prohibida en pacientes que toman antiepilépticos y situaciones particulares como por ejemplo los baños en el mar o piscina deben estar supervisados.