Tratamiento

Cirugía
Es una de las herramientas principales y en general la primera en utilizarse para el tratamiento de la mayoría de los tumores cerebrales. En algunos de ellos puede ser suficiente para controlar la enfermedad.

Los objetivos principales de la cirugía son:

    • Obtener tejido tumoral para poder realizar un diagnóstico histológico preciso, es decir, para saber ante qué tipo de tumor cerebral nos encontramos
    • Realizar la máxima resección posible pero conservando la máxima función a la vez; lo que en muchas ocasiones da lugar a que la cirugía de los tumores cerebrales no permita una resección completa del tumor.
    • La cirugía permite también descomprimir los tejidos sanos lo que conlleva una importante mejoría de los síntomas que presentan los pacientes, mejorando su funcionalidad y su calidad de vida.
    • En diferentes estudios se ha podido demostrar claramente que cuando la resección del tumor cerebral es completa el pronóstico mejora significativamente frente a cuando solo se puede hacer una biopsia, como ocurre en pacientes en los que el tumor está cercano a zonas que rigen funciones críticas y la resección no es posible.
    • La cirugía es siempre de gran complejidad pero cuenta hoy en día con nuevas tecnologías que permiten en gran medida, resecciones más completas con menor riesgo de secuelas. Entre las diferentes técnicas se encuentran:
    • La estereotaxia que permite localizar el tumor mediante un sistema geométrico que nos sitúa el punto más adecuado para la biopsia.
    • Los sistemas de neuronavegación que son instrumentos informáticos que fusionan las imágenes radiológicas durante la intervención para una mejor definición de la extensión del tumor en quirófano.
    • El mapeo funcional cortical intraoperatorio. Se trata de un sistema que permite localizar áreas elocuentes y así evitar el daño de esas zonas durante la intervención.
    • La fluorescencia que permite al neurocirujano conocer mejor durante la intervención la zona en donde se encuentra el tumor.

En algunos tumores cerebrales tras la cirugía, se realizará de forma precoz (menos de 72 horas) una resonancia que nos permitirá conocer el resultado de la misma y a la vez nos servirá de base para ver la evolución del tumor y el efecto de los diferentes tratamientos posteriores.

La cirugía puede llevar asociada un incremento del riesgo de complicaciones como empeoramiento de los síntomas neurológicos, convulsiones, infecciones, hemorragias, pérdida de líquido cefalorraquídeo y otras de carácter más general, como pueden ser episodios trombóticos, infarto, hemorragia digestiva, etc.

Radioterapia
Es otra herramienta fundamental para el tratamiento de los tumores cerebrales. Consiste en el envío de partículas ionizadas de alta energía contra las células del tumor. El objetivo es producir daños en su material genético que facilitará la muerte celular del tumor. Esta forma de tratamiento se realiza por médicos especialistas en oncología radioterápica.

La radioterapia puede dañar también el tejido que rodea al tumor y para minimizar este efecto se fracciona la dosis total a administrar a lo largo de varios días o semanas.

La radioterapia puede aplicarse mediante distintas técnicas; cada una de ellas puede tener diferentes indicaciones según la extensión de la irradiación y el tipo tumoral. La dosis que se necesita alcanzar para el control de la enfermedad depende de la naturaleza del tumor y también de la localización.

La radioterapia puede tener efectos secundarios que serán diferentes dependiendo del momento en el que se produzcan

  • Agudos: Aparecen horas o días tras el inicio del tratamiento y son transitorios; consisten generalmente en dolor de cabeza o empeoramiento de los síntomas neurológicos. Estos efectos son producidos por aumento del edema asociado al tumor y pueden ser tratados con esteroides.
  • Toxicidades diferidas tempranas: Pueden aparecer desde seis semanas hasta seis meses después de finalizar la radioterapia. Son producidas por un daño neurológico reversible y causan empeoramiento de los síntomas neurológicos, tratándose también con esteroides. Clínicamente pueden ser similares a los cambios que se producen en el paciente cuando está aumentando el tamaño del tumor y en estos casos, pueden ser precisos estudios radiológicos y tratamiento médico.
  • Toxicidades tardías: Pueden aparecer años después de finalizar la radioterapia y se producen por destrucción o muerte celular del tejido cerebral (radionecrosis); los síntomas son también similares a los que produce el crecimiento tumoral precisando como en el caso anterior un diagnóstico preciso y un tratamiento.
    Otro efecto indeseable tardío es el daño cognitivo que puede oscilar entre un ligero daño neurológico y una auténtica demencia. También aunque muy poco frecuente pueden aparecer tumores radioinducidos u otras toxicidades como la pérdida de la agudeza visual o déficits hormonales.

Quimioterapia
De forma histórica, denominamos quimioterapia al conjunto de medicamentos que utilizamos para el tratamiento específico del cáncer. Hoy en día este término quizás no sea el más apropiado puesto que existen nuevos medicamentos contra el cáncer que no son quimioterapia como tales y que denominamos biológicos, con mecanismos de acción diferentes y más selectivos en general que la quimioterapia.

Tanto la quimioterapia como los biológicos pueden ser administrados por vía oral, intravenosa o local y tienen la capacidad de difundirse por todo el organismo por lo que pueden actuar en diferentes órganos. El objetivo principal es el de destruir las células tumorales.

En general, el tratamiento de los tumores cerebrales con medicamentos se administra después de la cirugía y asociado o no a la radioterapia según sea un tipo de tumor u otro. En el glioblastoma que constituye el tumor cerebral de alto grado más frecuente, la quimioterapia con temozolomida ha demostrado un claro beneficio y constituye hoy en día el estándar de tratamiento asociado a la radioterapia tras la cirugía, y posteriormente administrada en monoterapia.

Tanto la quimioterapia como las terapias biológicas presentan efectos secundarios y por ello es muy importante conocerlos para poder prevenirlos y reducir sus efectos. En este sentido siempre que se administran estos tratamientos es imprescindible escuchar bien los consejos del oncólogo médico. Los efectos pueden ser variables según los medicamentos empleados. Pueden producir náuseas, vómitos, cansancio, pérdida de apetito, leucopenia (disminución del número de glóbulos blancos, que se relaciona con las defensas y la susceptibilidad a padecer infecciones), anemia, plaquetopenia (disminución del número de plaquetas, que puede producir hemorragias), etc. En el caso de las terapias biológicas los efectos secundarios suelen ser específicos de los mismos y variar con respecto a los de la quimioterapia.

Su oncólogo médico le informará de la toxicidad esperable con el tratamiento y la dosis empleada, así como de las medidas a tomar para su alivio.